A pesar de que la convocatoria del 30 de abril de 1977 fue un fracaso, por falta de gente y la negación desde Casa Rosada, ese día fundaron un movimiento que derivaría en una organización de derechos humanos.
El plan no fue planeado con anticipación solo obedecía un sentimiento conjunto, el de la duda sobre el paradero de un ser querido. Las mujeres que sin saberlo se juntaron en plena Plaza de Mayo no creían que ese sería el comienzo de algo que se convertiría en un problema para la dictadura que sufría en aquel entonces nuestro país.
“Como todo el mundo nos lo preguntaba, empecé a recordar que el 5 de mayo había sido el cumpleaños de uno de los hijos de las madres”, empieza a narrar Hebe María Pastor de Bonafini, quien luego dijo que todo comenzo un 30 de abril.
Eran Azucena Villaflor de De Vicenti, Berta Braverman, Haydeé Gastelú de García Buelas, María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard, Cándida Gard, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, Antonia Cisneros, Delicia González, Pepa García de Noia y la señora de Caimi. Catorce madres que buscaban a sus hijos que de un momento a otro desaparecieron sin dejar rastro.
“Todo era negativo. No se sabía nada de ellos, no había ninguna acusación, no había ningún dato”, relató en ese entonces Marta Ocampo de Vásquez, quien el 14 de mayo de 1976 se enteró de que su hija María Marta había sido secuestrada de madrugada junto a su marido César Amadeo Lugones por una patota civil.